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No. ¡No deje así!

Historias de Pedalazos

Por Jaime Checa J.

Fundación Pedalazos Que Construyen


Hace ya 12 años que Andrés López retrató a los colombianos con una cortísima frase de dos palabras: DEJE ASI. De entrada, la frase transmite renuncia y adquiere connotaciones especiales de importaculismo si se añade cierto movimiento de hombros y fruncimiento de labios. De esta manera DEJE ASI es la puerta de entrada al abandono y a la bendita maña de esperar que otros vengan a solucionar nuestros problemas así en la casa como en el cielo.


La anécdota que paso a relatar ocurrió durante una jornada de construcción con la Fundación Pedalazos Que Construyen en un área rural cercana a Bogotá e ilustra ejemplarmente el popular Deje así.

Habiendo casi finalizado la construcción de la vivienda prioritaria que nos ocupaba, tomamos un descanso y aprovechando la hospitalidad de la familia anfitriona reparamos en la existencia de algunos animales domésticos entre ellos un conejo criollo instalado en una pequeña jaula. Un examen más detallado reveló que los dientes del animal habían crecido al punto de amenazar con clavarse en su rostro. Era obvio que las condiciones del conejo y su alimentación, consistente exclusivamente de concentrado, habían impedido que este desgastara su dentadura normalmente y lo habían llevado a una horrible situación con pronóstico aterrador.


Para casi todos los presentes la apremiante situación del pobre conejo no pasaba de ser algo exótico, anecdótico y principalmente “not my bussiness”-ico. Para fortuna, del conejo, el hecho si revestía la máxima importancia para Claudia, una de las voluntarias, que resultó ser odontóloga de profesión y en últimas enviada del cielo por el dios de los conejos. Para ella resultaba absolutamente claro que de no proceder inmediatamente a recortar y limar los dientes del animal estos irremediablemente comenzarían a clavarse en la parte superior de su maxilar. Ni los dueños ni los vecinos parecían realmente preocupados por la situación y todos sus comentarios apuntaban a otorgar responsabilidad a alguien más -definido con extremo grado de vaguedad- y se miraban entre sí. “Eso es mejor no meterse porque va y se enoja la dueña y sale uno regañado”, “eso es mucho crecerle los dientes a esos animales no?, que impresión”, “que pecado con el animalito…”, “¿y luego eso se puede?”.


Mientras esto pasaba ya Claudia estaba buscando una herramienta que permitiera intervenir al conejito. Después de un breve periodo de incredulidad, algunos comenzaron la búsqueda que llevó a hallar un cortafríos que parecía adecuado para la operación. Así, Claudia, tomó al conejo entre sus piernas y con manos expertas procedió a cortar la prominente dentadura con traquidos que hacían estremecer a los poquísimos que se atrevieron a mirar desde lejitos. Contra todo pronóstico el conejo se mantuvo tranquilo y esperanzado en que Claudia sabía lo que hacía. Al final de cuentas, el conejo además de suerte tenía razón y los cortes, una vez limados con una lima de uñas le permitieron volver a nacer.


En la jaula se introdujeron algunos elementos duros que el animal pudiera roer, como es su naturaleza y así de manera inesperada, el conejito literalmente volvió a la vida y casi podría jurar que se reía.



Por eso, no se vale DEJAR ASI. Por eso hay que ser protagonistas de nuestras vidas y por eso, aún cuando haya riesgos de por medio, es mejor actuar que buscar razones para no hacerlo.


FPQC, 2016

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